“La sociedad no puede vivir si no se da entre sus
miembros una homogeneidad suficiente; la educación perpetúa y refuerza esa
homogeneidad, fijando a priori en el
alma del niño las semejanzas esenciales que impone la vida colectiva. Pero, por
otro lado, sin cierta diversidad sería imposible toda clase de cooperación. La
educación asegura entonces la persistencia de esa diversidad necesaria,
diversificándose y especializándose ella misma. Si la sociedad ha llegado a un
nivel de desarrollo tal que no pueden ya conservarse las antiguas divisiones en
castas y en clases, prescribirá una educación que sea más unificada en la base.
Si, en ese mismo momento, el trabajo se encuentra más dividido, provocará en
los niños, sobre un primer fundamento de ideas y de sentimientos comunes, una
diversidad de aptitudes profesionales más rica. Si vive en estado de guerra con
las sociedades ambientales, se esforzará por formar los espíritus sobre una
pauta enérgicamente nacional. Si la competencia internacional toma una forma
más pacífica, el tipo que intente realizar será más general y más humano.
Por
tanto, la educación no es para la sociedad más que el medio por el cual logrará
crear en el corazón de las jóvenes generaciones las condiciones esenciales para
la propia existencia. Veremos más adelante cómo el propio individuo tiene
interés en someterse a estas exigencias. Podemos llegar entonces a la siguiente
fórmula: la educación es la acción ejercida por las generaciones adultas sobre
las que no están todavía maduras para la vida social; tiene como objetivo
suscitar y desarrollar en el niño cierto número de estados físicos,
intelectuales y morales que requieren de él tanto la sociedad política en su
conjunto como el ambiente particular al que está destinado de manera
específica.
De
la definición precedente se deduce que la educación consiste en una
socialización metódica de la generación joven. Puede decirse que en cada uno de
nosotros hay dos seres, los cuales, a pesar de ser inseparables a no ser por el
camino de la abstracción, no pueden evitar, sin embargo, ser distintos. El uno
está hecho de todos los estados mentales que no se refieren más que a nosotros
mismos y a los acontecimientos de nuestra vida personal; es el que podríamos
llamar nuestro ser individual. El otro es un sistema de ideas, de sentimientos
y de hábitos que expresan en nosotros, no ya nuestra personalidad, sino el
grupo o los grupos diversos de los que formamos parte. De este género son las
creencias religiosas, las creencias y las prácticas morales, las tradiciones
nacionales y las profesionales, las opiniones colectivas de toda clase. Su
conjunto es lo que forma nuestro ser social. El objetivo final de la educación
sería precisamente constituir ese ser en cada uno de nosotros.
Por
otra parte, de aquí es de donde se deduce también la importancia de su fusión y
la fecundidad de su acción. Efectivamente, no sólo no está ya preconstituido y
preparado ese ser social en la constitución primitiva del hombre, sino que ni
siquiera es el resultado de un desarrollo espontáneo. Espontáneamente el hombre
no habría sido propenso a someterse a una autoridad política, a respetar una
disciplina moral, a entregarse al sacrificio por los demás. No había nada en
nuestra naturaleza congénita que nos predispusiese necesariamente a convertimos
en siervos de unas divinidades, de unos emblemas simbólicos de la sociedad, a
rendirles culto, a privarnos de algo en su honor. Ha sido la misma sociedad la
que, a medida que se ha ido formando y consolidando, ha sacado de su seno estas
grandes fuerzas morales, ante las cuales el hombre ha sentido su propia
inferioridad.
Pues
bien, si prescindimos de las tendencias vagas e inciertas que pueden ser
debidas a la herencia, el niño, al entrar en la vida, no introduce en ella más
que la aportación de su naturaleza individual. Por consiguiente, la sociedad se
encuentra ante toda nueva generación en presencia de una especie de tabla casi
totalmente rasa, sobre la cual tendrá que construir con esfuerzos renovados. Es
preciso que, mediante los procedimientos más rápidos que sea posible, a ese ser
asocial y egoísta que ha venido al mundo se le sobreponga otro ser, capaz de
llevar una vida moral y social. Y esa es precisamente la obra de la educación,
cuya grandeza es fácil de comprender. Esa obra educativa no se limitará a
desarrollar el organismo individual en la dirección indicada por su naturaleza,
a hacer que salgan a la luz unos poderes escondidos que solamente estaban
pidiendo manifestarse, sino crea realmente en el hombre un ser nuevo”.
DURKHEIM, E. (1973) Educación como socialización, Sígueme,
Salamanca.
Cuestiones:
1. Señala la que consideres la idea
central del texto de Durkheim.
La
idea principal del texto de Durkheim es la Educación como el medio por el cual se logrará crear en el corazón de las jóvenes
generaciones las condiciones esenciales para desarrollarse y perfeccionarse
durante la vida.
2. ¿Qué significaría la frase “la educación consiste en una socialización
metódica de la generación joven”? En particular, ¿cómo se entendería
el “socialización”?
Esta
frase significaría que la educación se concibe como un proceso donde se engendra
a los niños y adolescentes estados físicos, intelectuales y morales que la
sociedad determina que deben de tener. El concepto de socialización se entiende cómo el proceso a través del cual los
individuos aprenden a interiorizar las normas, los valores, la cultura
específica de una determinada sociedad, para luego poder integrarse en ella. Este
aprendizaje les permite obtener las capacidades necesarias para desempeñarse
con éxito en la interacción social.
3. ¿Cómo interpretarías a Durkheim
cuando afirma en el texto que “no sólo no
está ya preconstituido y preparado ese ser social en la constitución primitiva
del hombre, sino que ni siquiera es el resultado de un desarrollo espontáneo”?
Durkheim,
lo que yo entiendo que quiere decir es que la Educación no ha servido para que
el hombre se desarrolle poco a poco y se fomente en él la actitud crítica para
ver las cosas desde varios puntos de vista, sino que se adoctrina al alumno
para que no tengo actitud crítica, es decir, se le atonta para que no pueda
pensar por sí mismo y no pueda deducir lo que está bien de lo que está mal.
4. Señala algún rasgo que consideres
básico en el ejercicio de la profesión docente hoy.
Un
rasgo básico en el ejercicio de la profesión docente de hoy es la imparcialidad
y el interés por sus alumnos. El profesor de hoy tiene que preocuparse de ver
si sus alumnos aprenden lo que se ve en clase, y si el docente ve que el alumno
tiene algún problema a la hora de poder aprender, o ve que no muestra interés
por su asignatura, tiene que hacer todo lo posible para solucionar el problema,
entablando una conversación con el alumno intentando solucionar o comprender el
mundo del adolescente, porque si se hace de esta manera, es muy probable que
mucha gente que muestra desgana a la hora de aprender se sienta comprendido y
empiece a ver las cosas de otro modo. Por tanto el profesor tiene que hacer que
a sus alumnos les guste aprender, explorar e investigar, eso es ser un buen
docente.
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